25 octubre 2015

Hay medios convencionales tan idiotas que ensalzan perversiones políticas

El Periodismo tiene numerosos defectos potenciales, como todas las profesiones y actividades humanas, pero en función de una combinación de factores irresumibles en una simple bitácora —casi todos premeditados y provocados—, a fecha de hoy el oficio de informar es uno de los que acumula más perversiones y una de ellas, quizá la más humillante para sus profesionales, es la inquietante pérdida de inteligencia.
[Por cierto, esa pérdida de inteligencia es de ámbito social o general peor es más notoria, por dañina, cuando la padecen los profesionales del periodismo que trabajan en empresas del sector de la información que carecen de escrúpulos]
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Titular de la primera plana de La voz de Galicia y su significado
sin ocultar las intenciones ni dar rodeos tramposos o retóricos  
Quien niega que el periodista
tiene responsabilidades sociales
lo hace en defensa de una ideología:
la de los intereses privados 
No es que los periodistas tomados uno a uno se hayan vuelto idiotas, sino que el número de los afectados por la idiocia social es tan elevado que numerosos medios convencionales y en especial los de propiedad pública contribuyen exponencialmente a agravar el tsunami de simplismo que desarma a las sociedades económicamente más "desarrolladas", la del llamado Occidente.
Ese tsunami tiene efectos en prácticamente todos los medios convencionales; veamos unos ejemplos, sólo cinco, hay más:
* poner los dogmas del mal llamado libre mercado por encima de la Ciencia Económica y de las necesidades colectivas;
* sacralizar a los personajes públicos previamente "señalados";
* aplaudir a los integrantes de la lista Forbes aunque paguen salarios de hambre;
* convertir al Estado en garante del bienestar social gobierne quien gobierne;
* y la que quizá es la tara que más daño causa mirando al futuro: alimentar la tesis de que pensar más de lo necesario y conveniente es un vicio.
En un escenario en el que las simplezas y las estupideces van a misa, es comprensible que la propuesta del PP gallego que figura en el titular de la ilustración adjunta sea presentada como una noticia socialmente positiva.
La perversión es mayúscula: el conselleiro recurre a una trampa de parvulario y el medio no se entera (o no se quiere enterar), convirtiendo la malicia política y presupuestaria del conselleiro en la gran noticia "social" del día.
A la postre, con la colaboración de los periodistas que rigen ese medio, el directivo del PP ha logrado crear la percepción de que su partido hace propuestas tan humanas como la de quienes proponen crear una renta mínima de supervivencia... pero es una trampa, lo que dice ¡es falso! El partido nacional-católico propone hacer caridad de la peor, pues quiere destinar dinero público a que el empresariado caníbal siga enriqueciéndose a costa del brutal e inhumano abaratamiento del trabajo.
Lo dicho, el Periodismo acusa con especial rigor la pérdida social de inteligencia, al igual que todas las profesiones y actividades, pero con el agravante de que el Periodismo (la información) es el mejor transmisor de la estupidez y del miedo a pensar.
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NOTA:
Existen numerosas experiencias en el campo de la "caridad institucionalizada", sobre todo en EE UU, donde desde hace ya decenios están reguladas varias líneas de ayudas para asalariados con ingresos ínfimos. En Alemania también hay prestaciones públicas de ese tipo, aunque más restrictivas y para segmentos de la población muy concretos (mujeres con empleos mal pagados que mantienen familias monoparentales, o familias con hijos con ingresos miserables pese a trabajar uno de los cónyuges).
En la misma línea y también en Alemania, el Estado reduce las cargas sociales a las empresas que contratan por horas a jubilados con pensiones miserables (que no son pocos, máxime tras la incorporación de la RDA al Estado federal).
Son algunas de las formas mediante las que los gobiernos han creado procedimientos que les permite matar dos pájaros de un tiro: paliar la miseria (reduciendo así el descontento social) y al mismo tiempo favorecer con dinero público a empresas privadas. 
Ese tipo de ayudas no ataja los problemas; por ejemplo, los salarios que ni siquiera son suficientes para comprar alimentos y pagar los gastos básicos de una familia.
El salario mínimo interprofesional español es fuente de decenas de miles de situaciones de emergencia, pero en vez de adecentar su cuantía el PP proyecta dar caridad en los casos más extremos, lo que equivale a "bendecir" a las empresas que mejoran sus cuentas de resultados sobrexplotando a los trabajadores.

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