06 octubre 2015

No hay paño caliente que lave la inhumana actitud de quien ha prolongado el sufrimiento de una niña en Santiago

El vergonzoso episodio que se vive en el hospital público de Santiago de Compostela ha dejado al descubierto que en pleno siglo XXI y en el culto Occidente todavía hay mentes adocenadas por una moral hipócrita y acientífica. El asunto es tan simple que es válido empezar exponiendo la conclusión: quienes niegan el derecho a morir dignamente a una persona que agoniza de forma irreversible padeciendo dolores extremos merecen el calificativo de inhumanos.
En el caso de lo que ocurre en Santiago se dan dos agravantes: el autor de esa ignominia es un profesional de la Medicina (o varios; o sea, es más grave), por lo que carece de la justificación que sería aplicable a los familiares del enfermo terminal: el sentimiento primario pero lógico y comprensible que propicia el parentesco.
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Quienes lavan la cara al "poder" se dedican a lo único que
ya saben
 hacer bien: entretener y desinformar
La ignominia es superlativa 
Para colmo, el ser vivo que muere sufriendo es una menor de edad y sus padres, que son radicalmente humanos en todo el sentido de la palabra y aman a su hija, insisten desde hace semanas en que desean poner fin al inútil calvario de su hija.
Considero que en el caso santiagués no es preciso dar más vueltas. La elección es clara y sencilla: optar entre la ética más elemental y la barbarie, que en este caso y para más inri es de origen religioso; exactamente, católico.
No hay ninguna necesidad real de abrir interrogantes, es absurdo permitir que quienes viven fuera de la realidad ablanden la inteligencia de los demás recurriendo a creencias de orden "espiritual" que son tan legítimas como privadas, carentes de racionalidad e irrespetuosas con la condición del ser humano... ¡hasta cuándo soportaremos la vileza de quienes fabrican teología barata con el dolor ajeno!
Para redondear el asco que produce este episodio, hay autoridades del Estado de Derecho español (la Administración) que anteponen la "inmoralidad espiritista" al más elemental respeto a la dignidad del ser humano.
No nos engañemos, la muerte digna de la niña se hubiera producido hace semanas, cuando así lo reclamaron los padres. Las excusas llegan tarde para la niña, que es la única y lo único que importa.
Todo ello sin olvidar que en Galicia, como en el resto de España, el dislate ha sido enriquecido por los medios que relegan el oficio de informar a sus intereses político-empresariales, criterio editorial y empresarial que en casos como el de este niña es propio de sinvergüenzas.
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ACTUALIZACIÓN (9 octubre):
Andrea, la niña gallega de 12 años con una enfermedad irreversible para la que sus padres pedían una muerte digna, ha fallecido hoy en Santiago.
El auto del juez que cierra el caso [los padres tuvieron que acudir a la Justicia para que los responsables del hospital reconocieran el derecho de la niña a que no se prolongara su dolorosa agonía] agradece al nuevo jefe del servicio de Pediatría del centro su colaboración, al tiempo que con buenas palabras deja constancia del estupor jurídico que causa la actitud de los responsables del hospital y del servicio público, no en vano el derecho a una muerte digna (nadie habla de eutanasia) está perfectamente reconocido y protegido por la legislación vigente.
Pero durante varias semanas alguien impuso su inhumana moral religiosa... ¿sabremos algún día las identidades de quienes prolongaron la agonía de Andrea alegando que el sufrimiento conduce al cielo o porque es un designio impuesto por Dios?...
Hay medios que han evitado siquiera insinuar que la Consellería de Sanidade del Gobierno autonómico gallego, que es el responsable de cuanto se hace o no se hace en un hospital público, ha demostrado su radical inutilidad e inanidad al permitir que una, dos o tres personas prolongaran el sufrimiento de la niña y la angustia de sus padres y familiares.

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