07 marzo 2017

La Asociación de la Prensa de Madrid vive fuera de la realidad... ¿o acaso nos considera idiotas?

Pocas veces me sorprenden las asociaciones de la prensa (AP), herederas del sindicato vertical del periodismo, pero confieso que ayer la de Madrid me cogió con la guardia baja porque de un tiempo acá la mayoría parecía dispuesta a ser lo que casi todos sus asociados esperan: un aparato gremial que gestiona ventajas corporativas, formación profesional y prebendas laborales. Punto.
La irrupción de Podemos ha constituido un fenómeno socio-electoral que ha sido positivo para la salud política de los ciudadanos, pues ha logrado escandalizar a la derecha y a la agónica socialdemocracia oreando basuras varias, como es el caso de los periodistas, los medios y las AP que sobreviven aplicando criterios clasistas y posfranquistas, con la AP madrileña al frente, como siempre, pues la FAPE se controla desde la capital del reino.
Confieso, pues, que me ha sorprendido el comunicado de la AP de Madrid (APM) porque destroza la ya escasa credibilidad que tenía al asumir las quejas de un ignoto grupo de periodistas que ha pedido protección alegando que sufre presiones y amenazas de los cuadros de Podemos.
El episodio me ha sorprendido, básicamente, por tres motivos:
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, la APM admite que sigue siendo políticamente la APM de 1975/1976, estadio de "subdesarrollo deontológico" que en ocasiones parecía haber superado... pero no ha sido así, la APM sigue siendo un ente corporativo que "se acojona" ante la marcha de los acontecimientos, es "refractario" [decir reaccionario suena muy feo] y ante una disyuntiva estratégica sus directivos optan por las conveniencias, por conservar las prebendas e interpretan la realidad al gusto... ¡oh, las vacas sagradas!
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, la APM sigue siendo un instrumento que disimulada o descaradamente, como ha ocurrido en este caso, siempre acaba haciendo suyas las posiciones de la patronal de los medios y todos sabemos --no vale engañarse-- de que pie cojean prácticamente todos los propietarios y accionistas [lo cual es legítimo, naturalmente], y
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, la APM se burla de la profesión al crear un escándalo mediático en base a una queja o denuncia cuyos autores, ¡agárrese que vienen curvas!, exigen el anonimato y ocultar las presuntas pruebas de las presiones y amenazas recibidas.
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El oficio de informar siempre es problemático, 
también cuando se miente...  
Todo esto sin olvidar que las presiones a periodistas y medios forman parte de la actividad de informar... maticemos: en España desde hace ya cuatro decenios solo sufren presiones y en ocasiones excepcionales, amenazas dos tipos de periodistas y medios:
a) los profesionales y las empresas honestas cuando cuentan la "verdad" [el vocablo verdad figura entrecomillado porque lo utilizo con todas las reservas: la Verdad no existe; en todo caso, usted, amable lector/a, entiende perfectamente lo que quiero decir], y
b) los profesionales y empresas cuando manipulan, tergiversan o mienten.
El 95 % [¡o más!] de las presiones y amenazas se dan en el primer supuesto y es evidente que no es el caso de las posibles presiones y amenazas realizadas por cuadros de Podemos.
Decenios de trabajar con información y el respeto que merecen la mayoría de los profesionales me aconsejan no relatar las decenas de presiones y amenazas reales --incluso contra nuestras familias--- que hemos recibido decenas de trabajadores.
Las supuestas presiones y amenazas de Podemos, como casi siempre ocurre con las baladronadas lanzadas desde los partidos democráticos, forman parte del paisaje profesional y solo son sobredimensionadas cuando el periodista y/o el medio quiere fastidiar al partido en cuestión.
En el 99 % de ocasiones las únicas presiones y/o amenazas reales merecedoras de consideración que recibe un periodista o un medio tienen cuatro procedencias:
1, las emitidas por personas o partidos que ostentan poder institucional (sea ejecutivo, legislativo o judicial);
2, las lanzadas por personas o grupos ilegales (delincuentes, organizaciones mafiosas y terroristas, etc.);
3, las realizadas por empresas anunciantes o con "contactos" con el editor; y
4, las perpetradas por las propias empresas a sus periodistas para obligarlos a cambiar, matizar, manipular, tergiversar o suprimir informaciones u opiniones.
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¿En qué canastos piensan
los directivos de la APM?
¿A quién quieren engañar?
Casi todos los periodistas hemos recibido presiones y/o amenazas de uno dos, tres o de los cuatro tipos indicados en el párrafo anterior, máxime quienes trabajan con información local.
Los únicos que jamás reciben presiones son los "periodistas de salón".
En mi caso, que no es excepcional, he sido presionado y/o amenazado por "amigos" de una banda calificada de terrorista, por delincuentes, por varios alcaldes, por dirigentes de un partido político que cambió de nombre y que por tanto sería injusto identificar, por un senador, por una veintena de empresarios o directivos de grandes empresas, etc. y etc... nada especial y supongo que para sorpresa de la APM [y de las AP que siguen su juego], solo fueron efectivas las amenazas emitidas desde dentro, no en vano los propietarios de medios y sus representantes censuran sin ruido, legítimamente. Directamente o vía director, el propietario de un medio lo es al 100 % y aquí paz y después gloria.
Los directivos de la APM deberían renunciar a decir simplezas y dejar de engañar a los ciudadanos: ningún partido que ostente poderes institucionales necesita presionar ni amenazar a un periodista para conseguir que el medio omita una información o la tergiverse, y ninguna organización de la izquierda [excluida la gestora del PSOE, "susanistas" incluidos] genera temor suficiente como para que sus presiones o amenazas amedrenten a un "periodista de verdad", y mucho menos para que las tome en consideración una empresa [excluidos los periodistas y medios "asustadizos" o que dicen asustarse para satisfacer demandas o necesidades ajenas al oficio de informar].
Si las AP siguen diciendo simplezas y prestándose a campañas corporativas o partidistas, hay riesgo de que reviente el grano de pus; todo depende del alto o bajo grado de responsabilidad y vergüenza que tengan los directivos de esa mal disimulada corporación de intereses.
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Enlace a un ANÁLISIS DE LA "PRESIÓN" sin hacer partidismo interesado:
«Presión periodística y presión arterial. Sobre lo que no es coacción, lo que no sé si es coacción y lo que es coacción aberrante, es decir, cotidiana», por Guillem Martínez, en CTXT.

3 comentarios:

  1. Enhorabuena por este retorno valiente y acertado, Félix. Bienvenido a Internet, que hoy día es casi como decir bienvenido a la existencia (o eso nos quieren vender).

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